El lector de novela negra

#OrigiReto2018 [Febrero 1]

Escribir dos cuentos cortos al mes parece sencillo pero el desafío literario de @Stiby2 y @Musajue puede hacerlo algo más complicado. Si quieres saber más acerca de este divertido reto, entra en No soy adicta a los libros o La Pluma Azul de Katty.

CC0 creative commons

En un lugar de Castilla cuyo nombre no recuerdo vivía un jubilado que pasaba los días sentado frente a la chimenea entregado a la lectura. Era un hombre alto, delgado, de mirada brillante, semblante pálido y calva habitada por cuatro pelos rebeldes. De nombre Alonso Quijano, vestía una raída bata de color indefinido y un anticuado traje gris en las raras ocasiones que salía. Austero y educado, disponía de un modesto patrimonio que le permitía mantener su caserón y pagar a su chófer y, puesto que no tenía familia, se dedicaba en cuerpo y alma a su gran pasión que eran los libros.

Los únicos amigos de don Alonso eran la maestra y el médico, con los que solía jugar al tute un par de tardes por semana en el bar del pueblo. Allí se reunían los parroquianos para intercambiar chismes y novedades. Uno de ellos era el chófer de don Alonso, un individuo de baja estatura, regordete, más bien tosco y algo lento de mollera llamado Sánchez. Conducía un Talbot del año 1982 en cuya chapa descolorida aún se adivinaba su antiguo color rojo.

Después de desayunar, don Alonso avivaba el fuego, se arrellanaba en su sillón orejero y leía hasta el anochecer. La sala era bastante grande y estaba forrada de estanterías cargadas de libros que llegaban hasta el techo. Los volúmenes allí acumulados pertenecían tan solo a tres géneros: novela criminal, novela policiaca y novela negra. Don Alonso había devorado todos aquellos textos y ahora iba por la segunda relectura.

Una mañana muy temprano llamó a su chófer:

—Amigo Sánchez, ven a recorgeme inmediatamente. Prepara una maleta con ropa para una semana y coge algo de comer que hemos de emprender un viaje.

—¿Como? Mire señor que son las cinco y media y no puedo irme así sin más, sin avisar a mi mujer...
—protestó Sánchez.

—Ven ahora mismo, que yo hablaré con tu mujer y sabré dejarla contenta —dijo don Alonso antes de colgar. Llegó Sánchez al cabo de media hora y el Talbot se echó a la carretera mientras el pueblo aún dormía.

—¿Adonde vamos, señor?

—A la ciudad de Barcelona pues he sabido por un libro escrito por la excelsa doña Rosa Ribas que peligra la vida de la joven periodista doña Ana de La Vanguardia.

—¿Y qué tiene que ver eso con nosotros? —preguntó Sánchez cada vez más escamado.

—¿Que qué tiene que ver? Pues mucho. Tienes que saber, amigo Sánchez, que he decidido adoptar la profesión de investigador privado —afirmó don Alonso con la mirada perdida en la bruma que se levantaba sobre la carretera.

—¡Investigador privado! -exclamó Sánchez.

—¡Sí! Y además me he cambiado el nombre. A partir de ahora seré Alan Swan, y en los libros que se escribirán sobre mí me llamarán Alan Swan. Tú puedes dirigirte a mí como mister Swan.

—¡Ja! ¡Estamos buenos jefe!

—¡Obedece energúmeno, que para algo te pago! —Ante semejante argumento Sánchez enmudeció. Tomaron un desvío y entraron en la autovía de Barcelona. Tenían por delante todavía unas pocas horas de viaje.

—Dígame, jefe —preguntó Sánchez después mucho rato —¿En qué consiste esto de la investigación privada?

—¿No lo sabes? Claro, como tú no lees en absoluto no sabes lo que pasa por el mundo. Pues yo te lo explicaré. Cada día se producen muchos crímenes pero solo algunos se convierten en enigmas. El investigador privado, también llamado detective privado, es la persona que resuelve estos enigmas.

—Ah ¿Y cómo lo hace? —inquirió Sánchez haciéndose el inocente.

—Con la única ayuda de sus músculos y su entendimiento, amigo Sánchez.

—Vaya. Yo creía que esos casos los resolvía la policía.

—A veces sí pero en otras ocasiones hace falta un buen investigador privado, como yo espero llegar a ser.

—No sé, no sé, jefe. No lo veo claro —murmuró el chófer meneando la cabeza.

—Pues si quieres verlo claro mira esto -dijo don Alonso a la vez que le enseñaba una vieja pistola en buen estado de conservación.

—¡Mi madre! -exclamó el pobre Sánchez. Soltó el volante un momento y el Talbot dio un par de bandazos por la autovía. El coche que iba a adelantarles les regaló una sonora pitada. Sánchez cerró la boca y siguió camino adelante. Al llegar a Barcelona preguntaron por la sede de La Vanguardia y nadie supo responderles hasta que el dueño de un kiosko les indicó la dirección.

—Que inglés más raro habla esta gente —dijo don Alonso.

—Y que lo diga, jefe —contestó Sánchez.

—Entre esta multitud se esconde el asesino.

—Son turistas, jefe.

—No tienes ni idea, Sánchez.

Llegaron al edificio que albergaba la redacción de La Vanguardia y allí los detuvo un guardia jurado.

—¿Que desean? —interrogó el guardia cortésmente.

—¿Que tal, pies planos? —soltó don Alonso ante un Sánchez estupefacto —Veo que has dejado de recorrer las aceras de la Quinta Avenida. Te han echado del cuerpo por borracho ¿eh?

—Haga el favor de despejar la entrada caballero —exigió el guardia algo mosca.

—Hágale caso mister Swan... —suplicó el chófer.

—¡Apártate Sánchez! —exclamó don Alonso a la vez que sacaba la pistola y la amartillaba.

—¡Coño! —gritó el guardia mientras don Alonso pasaba como una exhalación bajo el arco detector de metales. Sonó la alarma y el guardia corrió escaleras arriba. Don Alonso derribó a un becario que conducía un carrito de documentos. El carrito se fue a la otra punta del pasillo y los papeles volaron por el hueco de la escalera.

—Habla perillán. Dime donde está doña Ana —susurró don Alonso a la oreja del becario poniéndole la pistola en la cabeza. Sonó un tiro y después otro diferente. El primero fue al techo, el segundo también. El becario salió huyendo, tres o cuatro redactores se echaron encima de don Alonso y el guardia jurado se echó encima del montón. Sánchez, mientras tanto, se había quedado en la puerta comiéndose la gorra. A los dos minutos vio como llegaban una ambulancia y tres coches de policía haciendo sonar las sirenas. Mucho más tarde, consiguió hablar con un médico en el hospital.

—Creemos que el señor Swan tiene un brote psicótico grave. Tenemos que ingresarle para hacer un diagnóstico y puede que lleve tiempo. Marchése a su casa. Nosotros le avisaremos.


Con este cuentecillo he intentado superar el reto
11. Usa una historia conocida para cambiar la época en la que sucede y adaptarla.
¡Espero haberlo conseguido!




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Comentarios

  1. ¡Hola!
    Me ha hecho mucha gracia tu relato, no sé si pretendías hacer una comedia, pero creo que podría serlo (al menos yo he sonreído jaja). Además, también podría tratarse de un relato de cachava y boina. Me ha gustado, sobre todo me he creído a tu personaje principal, aunque estaba un poco (o muy) mal de la cabeza jajaja, gracias por compartirlo.

    Ahora bien, no veo claro el objetivo. Para mí es mucho más claramente la opción "11. Usa una historia conocida para cambiar la época en la que sucede y adaptarla" puesto que estás usando la historia de Don Quijote para adaptarla a nuestros tiempos, ¿no? La situación en sí no es más inverosímil que las que se dan en el libro de Don Quijote de la Macha. Por cierto, muy bien "modificados" los nombres sólo levemente, tanto de los sitios como de los personajes. Me ha parecido un puntazo.

    Al final como no hiciste febrero 2, ¿esperamos tu pegatina por aquí?

    Saludines!

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    1. Gracias por los elogios y las observaciones que haces. Pretendía hacer una pequeña parodia del Quijote o, mejor, un homenaje, así que el humor debía aparecer.

      Tienes razón en lo de cambiar el objetivo. Lo modificaré y colgaré la pegatina. No habrá febrero 2 porque se me junta con marzo y prefiero centrarme mejor en los objetivos, que hay alguno rarito rarito :)

      Un abrazo y seguimos en contacto.

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  2. Jo, se me borró el comentario dos veces ya :S. Cómo decía, muy buen relato, escribes de una forma muy limpia y clara y con esa ligera filigrana de literatura antigua que no llega a ser cargante y que pega muy bien con esta especie de versión moderna del Quijote. Bien conseguidos los nombres y bien adaptado al momento actual. Estoy segura de que tu febrero2, que se quedó en el tintero, estaba encaminado a ser el ejercicio 11 enlazándolo con este, ya que podías usar el cambio de tiempo desde la historia de Don Quijote y Sancho hasta la era actual para cumplir el ejercicio.

    Me ha gustado mucho que pusieras a Sánchez como el chófer. Y también que supieras mantener ese aire de comedia dramática, tomando como objeto de burla ese pobre señor demente, en una muy mala situación.

    Cosillas a revisar, creo q poco mas bien, algún salto de línea extraño y un plural aquí "Uno de ello era..."

    Nada más, recuerda que sin pegatina no puedo contarte el punto de milpalabrista, así que cuento 3op provisionales ;3

    Buen relato, enhorabuena y ánimo con marzo

    .KATTY.
    @Musajue

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    Respuestas
    1. Muchas gracias!!!

      Me alegro de haber transmitido todo lo que dices. Y me temo que no habrá febrero 2 porque se me junta con marzo y es un lío :))
      Colgaré la pegatina lo antes posible.

      Me encanta este proyecto!!!

      Abrazos

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