La reina de Francia

#OrigiReto2018 [Enero 1]

@Stiby2 y @Musajue se han propuesto desafiar nuestra imaginación con 24 ejercicios de escritura creativa divertidos y sugerentes. Si queréis saber más acerca del reto tenéis las bases en No soy adicta a los libros y La Pluma Azul de Katty ¡A disfrutar!

El autómata entró en la cámara de la reina y la encontró recostada sobre un montón de almohadas, leyendo las noticias en su tablet. Dejó una taza de té junto a la cama y se retiró con una discreta reverencia. La reina agitó el dedo índice como si fuera una batuta y al momento comenzó a sonar una alegre suite barroca. Se levantó despacio, pues a sus ciento veinticinco años sabía que debía evitar los movimientos bruscos. Las grandes persianas de los seis ventanales que flanqueaban el dormitorio se alzaron a su paso, dejando entrar a raudales la embriagadora luz de un claro día de verano en los jardines de Versalles.

Nadó unos minutos en la piscina de doce metros que ocupaba el centro de la sala de baño. Su asesora de ciberg-imagen le implantó un holograma de su propio rostro cuarenta años más joven, prendió en la solapa izquierda de su traje un broche con una flor de lis de oro y comprobó que su atuendo era perfecto. La reina sonrió y pidió que la dejaran sola.

El espejo negro del tocador reflejó poco a poco su cara redonda de frente ancha, ojos grandes, piel clara, boca pequeña y labios carnosos. Abrió un cofre antiguo, tomó de allí una gargantilla de pedrería blanca y se la puso al cuello. Tocó entonces el espejo y surgió la imagen de un hombre maduro que parecía estar sentado al otro lado del vidrio. Era el secretario personal de la reina; llevaba un impecable traje con alzacuellos y lucía un casquete rojo que revelaba su dignidad de cardenal de la Iglesia católica.

—Buenos días majestad.

—Buenos días señor secretario. Espéreme en la galería dentro de 10 minutos —El cardenal inclinó la cabeza y su imagen se desvaneció.

Ajenos a los autómatas de la Guardial Real que velaban por su seguridad, tomaron asiento en una pequeña terraza situada frente a los majestuosos jardines. El cardenal comenzó a leer la agenda del día mientras la reina estaba más pendiente del rumor de la brisa que de las palabras de su secretario. Al poco rato se hartó de escuchar.

—Suspéndalo todo —ordenó—. El cardenal pareció perder la compostura pero se recuperó al instante.

—Majestad —pronunció con mansedumbre episcopal— ¿Y su reunión con el primer ministro?

—Es totalmente prescindible.

—No lo creo —replicó el cardenal. La reina se levantó de un salto.

—¡Cómo se atreve! —gritó.

—Con todo respeto, majestad. Solo quiero advertiros de que el primer ministro... —fingió buscar las palabras adecuadas— puede plantearos un grave inconveniente.

—Explíquese.

—No está aplicando medidas contundentes contra el terrorismo revolucionario. La inseguridad y el temor a los atentados crecen cada día. Las revueltas en los barrios de periferia de París se han vuelto endémicas...

—Todo eso lo sé —le interrumpió.

—El último informe de la Guardia Real apunta a que se está fraguando una conspiración en palacio y que el primer ministro está al frente —el cardenal le mostró la pantalla de su tablet .

La reina, que paseaba nerviosa de un lado a otro de la terraza, se detuvo en seco y ordenó a uno de los autómatas:

—Detenga al primer ministro.

La reina seguida de su séquito atravesó los largos pasillos del palacio real en dirección al salón del trono. De pronto se detuvo ante un antiguo lienzo. Contempló allí el retrato de cuerpo entero de una mujer ataviada con un delicado vestido blanco y el mismo collar que ella llevaba. Los rasgos de la mujer recordaban a los de la reina.

—¿Como creéis que pudo librarse de la guillotina? —preguntó al cardenal.

—Nadie lo sabe a ciencia cierta, majestad.

—Se dice que recibió la visita de un sacerdote la víspera del día en que debía ser ejecutada, cambió sus ropas con él y escapó de disfrazada de cura.

—Eso dice la leyenda. Los historiadores hablan de una conjura.

—A veces las leyendas son más verdaderas que la historia.

Las puertas del salón se abrieron de par en par sin que nadie las tocase. La reina cruzó la estancia con estudiada arrogancia, se sentó en el trono real y el cardenal se situó de pie a su derecha. En el centro del salón estaba el primer ministro con una rodilla en tierra y la cabeza inclinada hacia adelante.

—No levantéis la cabeza y escuchad —exigió—. Soy la heredera de la casa de Borbón, la monarca absoluta más poderosa del planeta. He sometido imperios, aplastado naciones, viajado por el espacio. Mi ejército nuclear es imbatible y mi pueblo me adora. Y usted, señor primer ministro, ha osado traicionarme, ha pretendido abolir las ejecuciones en streaming y, por si fuera poco, ha intentado negociar una tregua con los terroristas revolucionarios que infestan Francia desde hace trescientos años ¿Qué tiene que alegar a todo esto?

El primer ministro abrió la boca pero antes de que dijera nada Maria Antonieta III, reina de Francia, emperatriz de Austria y Hungría, reina de Navarra y gran duquesa Luxemburgo lo silenció con un gesto.

—Llévenselo—. Tres autómatas de la Guardia Real se echaron encima del primer ministro y lo arrastraron a la fuerza fuera del salón del trono.

Cuando estuvieron a solas, la reina pareció relajarse.

—El primer ministro abandonó a su mujer tras veinte años de matrimonio... por esa jovencita que toca la guitarra ¿verdad? —preguntó.

—Es una aristócrata italiana, majestad.

—Que asco.

Bajó del trono y caminó hacia la puerta lateral que comunicaba con sus aposentos. Antes de salir se volvió hacia el cardenal y selló el destino del primer ministro.

—¡Que le corten la cabeza!

Al atardecer el cardenal escoltado por su autómata de compañía, volvió a la pequeña terraza situada frente a los inmensos jardines. Empezaba a oscurecer, largos estratos se entrelazaban ante de un sol anaranjado como cintas de color cambiante.

—Los acontecimientos se precipitan —dijo el cardenal—. Hemos liquidado el último estorbo. Necesito que configures el software de la Guardia Real esta misma noche.

El autómata asintió con una reverencia y salió de la terraza.

—Ahora será la bruja quien pruebe la guillotina —murmuró para si mismo.

Con esta pequeña distopía he intentado responder al OrigiReto 1. Elije un momento histórico importante y describe cómo sería la vida hoy si hubiera sucedido de otra forma. Se dice que la ejecución de Maria Antonieta fue uno de los episodios más decisivos de la revolución francesa, así que es posible que sin la muerte de ella, la monarquía absoluta habría sido hegemónica. Sin duda, la reina de Francia habría vivido como una reina. ¡Espero vuestros comentarios!



Creative Commons CC BY-SA

Comentarios

  1. ¡Hola! Me ha gustado el momento histórico que eliges ya que no conocía la historia ni al personaje histórico, así que está bien que al final especifiques de quién se trata. Lo que más me ha gustado es la fantasía y la cifi que salpica el relato, le da un toque interesante, los autómatas y demás (me he reído con la asesora de ciberimagen).

    El final se me hizo un poco difícil de seguir como ya te comenté y, bueno, me quedé con ganas de ver a la bruja probar la guillotina, no nos vamos a engañar jajaja.

    ¡Voy a por el segundo!

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  2. Para mi gusto no ha quedado redondo, supongo que es porque esa idea necesita más extensión. El toque que me diste estuvo muy bien porque el párrafo era crucial y no se entendía.

    Paso bastante de la monarquía así que te garantizo que guillotinaré a Maria Antonieta III un día de estos (supongo que en otro reto, jeje).

    Y me alegra que hayas disfrutado con los toques de fantasía, porque a mí también es lo que más me gusta. A ver si somos capaces de pasar las distoptías y escribir utopías que es lo que el mundo necesita.

    ¡Hasta pronto!

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  3. ¡Estupenda historia! cumple con los requisitos del ejercicio y con la base del #OrigiReto2018 que es la originalidad. Me gusta como mezclas ese aire barroco de la realeza francesa con un futuro basado en la inteligencia artificial sirviendo a esa gran monarca, descendiente de una supuesta superviviente de la guillotina durante la revolución francesa. Bonitos contrastes muy bien ensamblados.
    Si tuviera que decir algo malo, es que se te perdió una palabra por el texto en la frase "escapó de disfrazada de cura", donde creo que te falta un "allí" o te sobra el "de". Pero todo muy bien, mis felicitaciones por tu primer relato ^^

    .KATTY.
    @Musajue

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