Acabar con un poema

Una de las formas más hábiles y sugerentes de terminar una obra de ficción es acabar con un poema.
A final del cuento de Joyce The dead, Gretta y Gabriel vuelven a casa en coche de caballos tras una fiesta navideña. Fuera cae la nieve; Gretta hace una inocente confidencia y habla de un joven delicado que cantaba para ella. Al poco duerme. El cuento acaba con una melancólica meditación de Gabriel, en prosa. Cuando Huston filmó The dead, los pensamientos de Gabriel se transforman en una poética reflexión sobre el amor, el paso del tiempo, la vida y la muerte. Esta revelación descubre al espectador que ha visto una película distinta de la que creía haber visto.
Lindsay Kemp representó en el teatro de mi pueblo Alicia, obra de teatro basada en el clásico de Lewis Carrol. Acabó con un poema, supongo que del propio Carrol, que era un consumado poeta. Entonces yo era joven y no tenía ni idea de inglés pero la voz de aquel señor bajito y amanerado, cargada de emoción, me hizo salir de la butaca hacia quien sabe que extraño paraíso del que todavía no he regresado del todo. Y desde entonces supe que no hay mejor manera de acabar una buena obra que con un buen poema.

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