Mi padre

Mi padre era un buen hombre. Se levantaba muy temprano cada mañana. Salía al bosque y a las dos o tres horas volvía con algunas piezas. Cuando cazaba algo grande, un ciervo, un jabalí, etc. me llamaba para que le ayudase a despiezarlo y traerlo a casa. Después mi padre llevaba a mis hermanas a la ciudad. Las subía en su sucia camioneta y por la noche las traía de vuelta. No tengo hermanos así que cuando no estaba mi padre, yo era el hombre de la casa. Me ocupaba de los animales, la leña, las reparaciones, en fin, todo lo que un hombre sabe y debe hacer. También debía ocuparme de mi madre. Era una mujer soñadora que se despistaba con frecuencia. Vestía ropa de colores chillones impropia para la montaña, dejaba la colada a medio hacer alegando que el agua estaba muy fría, olvidaba lo que tenía al fuego y se le quemaba la comida. Era un desastre. La casa estaba sucia, las camas sin hacer, la comida siempre mala. Debía emplearme a fondo para conseguir que aquella vieja hiciese lo que debía hacer. Por las noches mi padre volvía borracho. Solia golpear a mi madre y a mis hermanas, si se metían por en medio. Les gritaba los insultos más asquerosos. Hasta a mí me daba miedo. Quería que yo también participase en las palizas, pero yo nunca lo hice. No tenía motivos. Después, cuando todo acababa, cada uno se ocupaba de lo suyo, como si no hubiera pasado nada. En mi casa nadie se extrañaba de aquellas cosas. Era lo más normal del mundo.

Entradas populares