Sobremesa

De las aguas cenagosas de la laguna saltaban las lisas, gordas y repugnantes. La comida fue rápida, como de trámite. Mis inconveniencias subieron de tono a medida que subía la concentración de alcohol en sangre. Hice ciertos comentarios desagradables acerca de mi suegra, por lo que mi mujer se enfadó bastante. Sus compañeros de trabajo también se molestaron. Uno de ellos llegó a decirme que yo "no estaba invitado a la comida", cosa que no era rigurosamente cierta. Entonces, la camarera tiró un café sobre un cliente y quiso sacudirle la entrepierna con un trapo. El cliente se negó. La camarera hablaba con voz estridente y alegría salvaje. Pedimos helado y nos obligó a pedir a todos el mismo sabor. El sujeto que había dicho que yo no estaba invitado, pidió un café. La camarera le gritó que como lo quería, que si de esta manera, de aquella o la de más allá. El tipo no tuvo más remedio que disculparse, aunque luego añadió: "no te preocupes que no vendré más por aquí." Aquello agradó a la camarera, que se marchó muy satisfecha. Más tarde fuimos a tomar unas copas vespertinas, algo poco recomendable. Una de las chicas nos invitó a ver su estudio de cerámica. Aunque no me interesaba en absoluto, acepté la invitación entusiasmado. Pensé que podía tomar otra copa por el camino. Mientras mi mujer conducía, no sé bien lo que pasó. Me puse histérico y, al llegar, me negué a bajar del coche. Me dejaron allí y cuando doblaron la esquina, decidí deponer mi actitud. Habían desaparecido en una calle con decenas de puertas y docenas y docenas de pisos donde poder alojar un estudio de cerámica. Intenté localizarlo por mis propios medios, lo cual no funcionó. Pregunté a algunos transeúntes si podían indicarme la dirección que estaba buscando. El efecto que causé en ellos no fue precisamente tranquilizador. Tuve el presentimiento de que alguien estaba a punto de avisar a la policía. "Aquí en la esquina hay un borracho que importuna a la gente, señor guardia”. Abandonaba cabizbajo el escenario cuando, al cruzar una calle transversal, escuché la voz de alguien que me llamaba. Era mi mujer desde la ventana del estudio de cerámica.

Entradas populares