Jamás hubo sombra

Una hermosa voz me despertó de la siesta una lejana tarde de verano. Me había tumbado en el sofá y mi hermano ponía música clásica. Los velos del sueño se abrieron con sutil ligereza y me encontré flotando entre las nubes de un delicioso cielo musical. Tomé nota de la copla: "Ombra mai fu", de Händel. La letra dice, más o menos: "jamás existió sombra más dulce, querida y amable que la de mi amado y frondoso árbol".
Hace unos meses viajamos a mi ciudad de origen. Sonó en la radio del coche Ombra mai fu. En realidad, la tengo programada en el dispositivo y no fue ninguna sorpresa. Atardecía en el ancho valle del Guadalquivir y yo pensé entonces en "mi amado y frondoso árbol", la grandiosa encina bajo la que descansan las cenizas de mis padres. Empecé a llorar despacio, no sé si de alegría o de pena. Mi amiga también lloró, sin saber la letra ni lo que yo estaba pensando.
Hace un par de semanas puse la radio del desván y empezó a sonar, desde el principio, Ombra mai fu.

Entradas populares