La joven triste


Entró una chica joven, muy bonita, y se dirigió al mostrador. Cruzó unas palabras con la enfermera y se quedó frente a la puerta de una consulta. Llevaba unos jeans ceñidos y una camisa blanca muy holgada. Parecía muy segura de sí misma. Esperó su turno de pie, dándonos la espalda. Pronto la llamaron. Al momento, la doctora salió apresuradamente y dejó la puerta abierta. Desde mi ángulo no veía a la chica pero sí el escritorio de la consulta. Encima había un paquete de pañuelos de papel, algo usual en este tipo de sitios. Entonces, vi a la chica apoyar la cabeza sobre la mesa y sollozar amargamente. Aparté la mirada.

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