Quemar una Biblia

Una tarde mi padre me llevó al patio que había detrás de casa. Allí juntó unos cuantos yerbajos y quemó la vieja Biblia que llevaba en el bolsillo. A la Biblia le faltaban páginas. Él estaba contento, un poco como un niño que pasa la tarde jugando con fuego. Fue una especie de acto de purificación. No me dijo nada. Solo me enseñó qué clase de fin hay que darle a una Biblia deshojada.

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