Mal tiempo y mala cara

Cuando no tienes nada que decir, hablas de que te sientes así o asao, por esto o por aquello; y generalmente, hablas de lo triste que estás por haber franqueado la frontera que tú mismo pintaste en la nada. En estos casos, hablas de tus problemas con el alcohol, tu veneno favorito, pues otros vicios que también practicas carecen de su prestigio como droga asesina. He tenido la tentación de leer en estas pobres páginas el relato de mis caídas y, especialmente, las que ocurrieron tras muerte de mi madre. Sin duda he bebido todos los meses, y he experimentados cambios de actitud. Mi cara, incluso, ha cambiado. No sé de que manera, pero la gente lo nota. He recaído, es cierto, pero en un lugar en el que nunca había caído. Estoy todo el tiempo triste, no quiero nada con mi compañera, el trabajo me produce un asco profundo. Estoy abatido, solo. Quisiera hablar con alguien, confesarme. ¿Con quien? No tengo amigos y, en este estado, los perdería. Todo me importa un pimiento. Pienso en la muerte de forma recurrente. Las medicinas han dejado de hacerme efecto. Tomo una buena dosis de valium a diario. No sé si sirve para algo. La doctora dijo que si el problema era el trabajo, que podíamos intentar una invalidez permanente. Siento escalofríos al oír semejante expresión. Estoy a punto de cerrar ¿sabéis muchachos? Esto no merece la pena, chicos. Ni siquiera me importa a mí mismo. Voy a cerrar y me borro de todo esto. Ya no leeré vuestras historias pero ¿qué importa? Es la hora de cerrar.

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