La claridad perdida

El sol irrumpe radiante a través de las ventanas del autobús urbano que me conduce tal vez a casa. El autobús se desplaza como un viejo paquidermo, con la pesada inercia de un itinerario mil veces recorrido. Poca gente debe viajar en la plaforma, no recuerdo bien. Pasamos delante de un parque céntrico, un bosquecillo de palmeras y eucaliptos, oscuro, embrujado. Aquí la ciudad parece africana. Pero yo no pienso en África. Caigo de golpe en la certeza de haber perdido por completo la lucidez que tuve de chico, tan rápida que impresionaba a mis maestros. Me invade una angustia miserable ¿Qué he hecho con mi vida? ¿Dónde está mi inteligencia? Ya nunca volveré a ser el mismo, me lamento. He perdido la gracia del cielo, quizá para siempre.

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